Con el abrir de las puertas, y dos cajetillas e intentos de filtro danzando a su alrededor, su corazón percibió el éxtasis que viviría, pero jamás con tal gravedad como la que finalmente conllevaría al infarto.
Humo, humo y más humo. Lágrimas cálidas, abrazos eléctricos, beso ajustado al microsegundo. Un solo objeto que probaría lo físico, pero mil recuerdos que sin anotación previa serían efímeros.
-Tan solo nos quedará Barcelona-, susurra el viento desde entonces con ecos que entonan un requiem sonoro.
[Peter Doherty - 180411]

( Siento mi ausencia, he estado muerta y aún carezco de vida)